| Buenos días, La semana pasada estuve preparando un artículo, que publicamos ayer, sobre los cambios que va a experimentar la asignatura de Religión y las actividades alternativas que tendrán que hacer a partir del curso que viene quienes no la elijan, y hubo varias cosas que me llamaron la atención. Una de ellas es que la cuestión, que en otros tiempos despertó grandes pasiones, parece cada vez menos importante para la sociedad, según distintos indicadores. Uno de ellos es el informe Perspectivas ciudadanas y del profesorado hacia la religión, su presencia pública y su lugar en la enseñanza, publicado en julio por Víctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez, que incluye un sondeo a 1.254 encuestas personas y que refleja que un 52,5% de los encuestados le da poca (39,6%) o ninguna (12,9%) importancia al "debate político sobre el papel de la religión en la enseñanza", frente a un 47,6% que le da bastante (34%) o mucha (13,9%). El sondeo pregunta a los entrevistados se creen que cursar la asignatura de Religión tuvo para ellos "algún efecto en su forma de vivir la religión actualmente", y la respuesta más elegida (42,3%) es "ningún efecto". Rafael Ruiz, profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, especializado en religiones y autor del libro La secularización en España, cuya publicación está prevista para principios de 2022, apunta a que en la postura promedio de la sociedad española hacia la asignatura de Religión resulta clave el sector de la ciudadanía que se sitúa en una "zona gris", es decir, que carece de opiniones fuertes al respecto. Es el grupo (que representa al 33% del total) que a la pregunta del mismo informe de si les parece "bien o mal que la Administración subvencione centros escolares religiosos" responden que "ni bien ni mal". O que, a la cuestión de si les gustaría que sus hijos tuvieran clase de Religión, responden que les resultaría "indiferente" (contestación elegida por el 27%). El informe también refleja que el tema sigue generando polarización en una parte de la sociedad, pero este grupo intermedio contribuye a diluir una polémica que en otros momentos fue una importante fuente de tensión. En torno al 60% del alumnado de enseñanzas obligatorias estudia Religión, pero la materia ha perdido muchos estudiantes en dos décadas: más de 20 puntos en primaria y 10 en la ESO. En esta última etapa parece evidente que la caída no ha sido mayor por el cambio en la regulación introducido por el PP en 2013, que implicó que la materia confesional pasase a contar en el expediente académico a efectos, por ejemplo, de conseguir becas o acceder a una carrera. En ese contexto, en familias donde el tema no suscita grandes pasiones, considera Ruiz, la ventaja práctica de matricular a sus hijos resulta muy relevante. España es uno de los tres países europeos donde más ha retrocedido el cristianismo en las últimas décadas. El fenómeno se aceleró a principios del siglo XXI, en buena medida porque llegaron a la edad adulta "los hijos de los llamados católicos no practicantes, que fue una figura clave en la anterior oleada de secularización que se produjo en España a finales del Franquismo", explica Ruiz. Eso ha dado lugar a un amplio sector de la población "que no va a misa, pero tampoco le molesta especialmente", dice el profesor. Y que ya no se casan por la Iglesia (el año pasado los matrimonios de este tipo supusieron un 10%, frente a más del 75% que representaban a mediados de los noventa), pero que tampoco les parece mal que sus hijos reciban enseñanza religiosa en la escuela. Esta es una selección del resto de temas que hemos publicado la última semana en EL PAÍS EDUCACIÓN: Muchas gracias por seguirnos. Volveremos con esta newsletter la semana que viene. |
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